End of the trip : Pacific coast of Costa Rica

Costa Rica siguió sorprendiéndonos en un momento en que pensábamos que pocas cosas podríamos descubrir. Desde presenciar cómo una tortuga marina sale del agua, crea su hoyo, pone sus huevos, lo cubre todo y vuelve a su clima natural, el agua, hasta pasear en medio de la arena entre dos orillas de playa, o ver loros como los que dibujábamos cuando eramos pequeños, el que imaginábamos en el hombro de un gran pirata.

Pero esta última etapa ha estado marcada por una mezcla de emociones difícil de explicar.
Por un lado Tristeza: tristeza por abandonar esta vida de ensueño, de nomadismo, de no tener horarios, vida de descubrir algo bello cada día, de viajar, de compartir, de sentirse vivo cada minuto y tener la impresión de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado…
También Alegría: alegría por poder pronto abrazar a mi sobrina, disfrutar de una cerveza o una horchata con mis amigas, por ver a todos los nuevos bebés que nacieron este año, observar la evolución de los peques que apenas podían andar y balbucear, alegría por ver el Mediterráneo, comerme una paella, vover a tener un hogar…
Pero sobre estas emociones, reina el Agradecimiento: agradecimiento por haber vivido el sin duda mejor año de mi vida, por haber tenido el coraje de aparcar la rutina y vivir un sueño, por los paisajes que quedan grabados en mi mente, por los encuentros con personas de distintas partes del mundo que forman parte de mí, por haber cambiado, por haber compartido esta experiencia con mi compañero de vida, que no dudó un instante en seguirme en esta aventura y con el que volvemos todavía más fuertes y unidos, con nuevos proyectos.

Gracias por habernos seguido en esta aventura, que seguro no será la ultima. Hasta pronto!!!!!

Et voilà, il devait arriver, ce moment où l’on doit conclure cette belle aventure. Nous avons notre vol retour vers Paris demain matin.

Le sud du Costa Rica nous aura encore régalé de belles créatures animales exotiques et souvent multicolores. De belles découvertes, noyées dans des moments de mélanges d’émotions assez intenses, mélange de joie et de tristesse, d’excitation et de mélancolie.

Les mots ne sont pas faciles à trouver. On vous laisse donc plutôt découvrir quelques clichés de nos trois dernières semaines de cette année extra-ordinaire, qui nous aura apporté énormément de bonheur.

Plein de bisous, merci à tous de nous avoir suivi tout au long de cette aventure, et à très bientôt autour d’une bière ou d’une grillade pour papoter comme avant et… refaire le monde ?!

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Turtle swimming back after nesting
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Beautiful playas
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Colorful ara
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Squirrel monkey eating a biiiig insect
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Baby caimans!!!

Caribean side of Costa Rica

Avec une superficie inférieure à celle du Bénélux, le Costa Rica est un carrefour de richesses incroyable. Pris en étau entre la mer des Caraïbes et l’océan Pacifique, ce minuscule trait d’union entre les deux Amériques ne tardera pas à nous surprendre. Nous atterrissons donc à San Jose, la capitale, située en plein centre géographique du pays, sur une diagonale volcanique qui divise le pays en deux zones climatiques bien distinctes, chacune subissant l’humidité de son océan respectif. La côte pacifique connaît un climat tropical à deux saisons (sèche/humide), tandis que le côté caribéen connaît une pluviométrie élevée toute l’année.

Nous commençons notre découverte du Costa Rica par sa côte caribéenne, la plus humide donc, mais aussi la plus sauvage et la plus difficile d’accès.

Il nous faudra quelques heures de bus, à croiser des centaines de camions porte-containers (remplis de bananes et d’ananas que vous avez peut-être désormais dans votre corbeille à fruits), pour parvenir sur le littoral caribéen. Contrairement à ce qu’on pourrait imaginer, la mer des Caraïbes est assez dangereuse ici, les courants forts et la baignade déconseillée. On s’y rend plutôt pour sa flore et sa faune sauvage, qui trouvent refuge dans les réserves et parcs naturels, dans de nombreuses forêts primaires. Toucans, grenouilles, singes, paresseux, caïmans, nos yeux brillent devant ce sanctuaire de vie si rare au monde, et « relativement » facile à observer. Il faut en général juste un peu de patience et avoir la chance de regarder au bon endroit, car si certaines bestioles ont des couleurs vives, d’autres sont reines du camouflage.

Au Costa Rica, la prise de conscience de la richesse de sa biodiversité, et sa protection, ne datent pas d’hier. La plupart des réserves ou Parcs Nationaux sont gérés par des concessions privées et très professionnelles, habituellement par des équipes de naturalistes qui y travaillent depuis plus de 50 ans. Certaines accueillent également des chercheurs et étudiants, permettant de poursuivre le recensement et la compréhension de cet écosystème unique et complexe. Plusieurs espèces nouvelles sont encore découvertes chaque année.

Nous choisirons donc de parcourir la plupart de ces réserves en compagnie de guides locaux. Et quelle bonne idée, car en plus d’avoir des yeux de lynx pour repérer le moindre iguane immobile ou paresseux perché à 30 m dans les feuillages, les guides sont de vrais passionnés qui semblent redécouvrir leur forêt à chaque visite, et s’émerveillent autant que nous à la rencontre d’une fourmi géante ou d’un oiseau rare. Ce fût le cas lors de notre rencontre exceptionnelle avec un quetzal (voir photo) perché sur une branche, en train de partager un morceau d’avocat sauvage avec son petit. Instant rarissime !

Nous quittons désormais cette région pluvieuse pour basculer de l’autre côté de la chaîne de volcans, et attaquons la saison humide (et chaude) sur le flanc pacifique. On devrait y trouver des plages de cocotiers, des surfeurs, et des gros resorts américains (on espère pas trop).

Pura Vida! Ese es el lema de los ticos (los costaricenses), una expresión que utilizan tanto para decirte buenos días, gracias o qué tal? Este « Pura Vida » simboliza el ritmo del país, la calma de sus habitantes, un saber vivir, apreciar la naturaleza y lo que nos rodea del que todavía tenemos mucho que aprender.
Empezamos a explorar este último país (sí, esto ya se termina) por la costa del Caribe en dirección a Cahuita. Al contrario de lo que pudiéramos imaginar, la costa caribeña no es tranquila. Las olas y las corrientes hacen que sea difícil bañarse, pero eso también permite que sea una zona con menos turistas. Aquí nos despertamos con el canto de los pájaros y empezamos a descubrir animales inimaginables, desde ranas de color verde fosforescente y negras, hasta perezosos (se les llama así porque pueden pasar horas y horas sin moverse, colgados de su rama de árbol) o flores de colores intensos y nombres tan afrodisiacos como labios ardientes.
Y seguimos el viaje tomando un bote rumbo a Tortuguero. En el puerto de Moín vemos los cientos de camiones llevando piñas a los barcos… Sí, seguramente si os estáis comiendo ahora una piña, viene de Costa Rica!
En el trayecto en bote podremos observar cocodrilos, perezosos y distintas aves. En Tortuguero conseguimos un hostal enfrente de la playa y nos dormimos con el sonido de las olas del mar y disfrutamos de las frutas tropicales que ya empezábamos a echar de menos. Tortuguero es un pueblecito aislado del mundo, donde nos sentimos bien. Decidimos explorar el parque nacional en canoa y con un guía que nos permite ver caimanes, monos saltando de un árbol al otro e innumerables aves. Vaya ojo!
Y seguimos la ruta hacia la Virgen; un pueblo donde hay, adivinad… otro parque natural! ;p Si algo caracteriza a este país es la protección de sus espacios naturales y la consciencia ecológica que la convierten en un modelo para el resto de paises, ejem, ejem, voy a resistirme y no hablar de Trump y la salida del acuerdo de París. Lo bueno de la Virgen es que ningun turista para aquí. Hay un solo hotel en todo el pueblo, y allí nos hospedamos. Comemos casados (el plato típico de Costa Rica con arroz, frijoles, ensalada y carne) y visitamos la reserva natural de Tirimbina que nos permite descubrir un armadillo, ranas jeans (rojas y azules), iguanas, un tucán, hormigas bala (porque si te pican dicen que duele tanto como una bala), y multitud de árboles.
Y para finalizar con la zona central del país, vamos a Monteverde, una región en altitud, donde el termómetro disminuye unos cuantos grados y podemos observar un tipo de bosque llamado Nuboso. Nada más llegar a Monteverde nos quedamos extasiados al ver… Colibríes!! Los colibríes son pequeños, hiperactivos, baten sus alas con tanta rápidez que es imposible observarlas, pero cuando se paran a beber podemos ver sus colores y la gracia de su pico y su forma. Esta no será la única sorpresa que nos depara Monteverde. En el parque nacional vemos quetzales! El quetzal es un pájaro mitico, los jefes de las culturas ancestrales creaban sus sombreros con plumas de estos pájaros. No me extraña! Empezamos observando una hembra, que es muy bonita, y el guía nos dice, « ya veréis si encontramos un macho, es todavía mejor ». Y en efecto, seguimos paseando y encontramos un macho, qué colores!! Desde el rojo intenso del pecho, al azul y el verde del lomo y las alas! Una maravilla!! Y para terminar con la guinda sobre el pastel, vemos a un macho dando de comer a un quetzal joven! Salimos con la impresión de ser enormemente privilegiados y con las imágenes del majestuoso quetzal en la cabeza.
Seguiremos esta última (ay, ay, ayyy) etapa por la costa del Pacífico…

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Multicolor frogs
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Sloth (perezoso, paresseux)
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Find the caiman!
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Punk lizard
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Cahuita National Park
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Walking in the jungle
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Colibris!!
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And finally… Quetzal!!

 

North of Argentina, Buenos Aires

Pierre-Nicolás y Amelia son una pareja franco-argentina de Metz que pronto pasaron de vecinos a amigos. Amelia es de Tucumán, y Ruth su mejor amiga, vino a visitarla varias veces. Ambas comparten la humildad, la generosidad y las ganas de compartir su cultura, así que cuando Ruth nos propuso encontrarla para mostrarnos su región no lo dudamos ni un instante.
Llegamos a Tucumán y encontramos a Ruth en la estación de autobuses con su maleta, el coche y un mapa con el que nos indica el itinerario pensado. Nos dejamos llevar felizmente. Iniciamos la ruta hacia Tafí del Valle, ciudad en la que Ruth vive y que se encuentra en un lugar privilegiado entre cerros. Allí compramos algunos productos típicos (queso de la región, dulce de cayote), para utilizarlos y hacer crepes con ellos, y la mezcla es todo un éxito!!!
Partimos al dia siguiente en coche y descubrimos maravillas como un cerro inundado de cactus enormes de hasta 3 o 4 metros (para que os hagáis una idea de la edad, los cactus crecen alrededor de 1cm al año). Visitamos la antigua ciudad de Quilmes, símbolo de la resistencia de los locales a los españoles. Los restos en Quilmes están muy bien conservados y permiten ver la forma en que la ciudad fue construida. Una verdadera obra maestra!
Haremos parada nocturna en la ciudad de Cafayate, pero aprovechamos las luces del atardecer para empezar a descubrir la Quebrada de las Conchas, una maravilla que la geología ha esculpido dando formas diferentes a los distintos tipos de rocas. Descubrimos rocas en forma de palacios, ventanas, obeliscos… Volvemos extasiados de las múltiples formas y colores y seguimos descubriendo la gastronomía local cenando tamal (una mezcla de maíz, harina y cerdo envuelto en hoja de maiz), humitas y probando los vinos de la región.
Y seguimos el periplo norteño hasta llegar a Salta « la Linda ». La ciudad bien merece su nombre. Los edificios coloniales bien conservados hacen que pasear por la ciudad sea un placer. Además seguimos descubriendo tradiciones con Ruth y asistimos a un espectáculo con danzas y canciones norteñas que nos permiten seguir conociendo esta parte de Argentina con una cultura muy marcada.
Y llegamos al final de este periplo. Con un poco de pena, nos despedimos de Ruth (gracias por haber sido una guía excepcional) y seguimos nuestra aventura hacia Iguazú, para ver sus cataratas.
En Puerto Iguazú nos recibe el calor tropical y la mezcla argentino-brasileña. Dedicamos 2 días a ver las cataratas. Empezamos por el lado brasileño que nos permite tener una visión del conjunto. Un paseo de 1km que nos tomará 4h 😉 En efecto, observar las cataratas es hipnótico, y cada vez que te vas acercando va siendo más impresionante.
Seguimos con el lado argentino, que te permite adentrarte dentro de las cataratas. Un privilegio! La inmensidad, el ruido ensordecedor y las gotas que nos mojan nos hacen sentirnos enormemente pequeños dentro de esta maravilla de la naturaleza. Iguazú queda como una de las visiones mas impresionantes del viaje.
Y terminamos en Buenos Aires, ciudad a la que en principio queríamos dedicar una semana, pero donde al final pasaremos dos días enormemente intensos. Para descubrirla decidimos hacer algunos tours con guías que nos explican las historias detrás de cada palacio construido, cada edificio, y nos permiten entender y apreciar la riqueza cultural de esta ciudad.
La visita de la Boca, barrio emblemático donde se creó la ciudad nos embelesa. Millones de inmigrantes llegaron entre 1880 y 1930. Italianos, españoles, ingleses, frances, rusos… Esta mezcla ha dejado una gran herencia tanto en la gastronomía, como en el idioma, tradiciones y dio paso al origen del Tango. El tango es una institución en Buenos Aires y muestra el espíritu de los porteños (los habitantes de Buenos Aires). Apasionado, melancólico, desgarrador, nos embelesamos observando a las parejas bailarlo.
Y cómo no, no podíamos terminar la visita en Argentina sin disfrutar de un buen asado, una parrilla, con la que soñamos desde el inicio del viaje. Una delicia!
Nos despedimos de Argentina con la sensación de que seguro volveremos!!!

Y nuestro próximo destino sera el último: Costa Rica! Parecía tan lejano cuando empezamos el viaje, y ya estamos aquí 😉

Etape intense qu’a été le nord argentin. Nous commençons par retrouver Ruth à San Miguel de Tucuman. Ruth est une amie d’Amelia et de Pierre-Nicolas, nos voisins de Metz franco-argentins. Ruth nous avait préparé en surprise un itinéraire touristique haut en couleurs. Dès notre arrivée à la capitale de la province de Tucuman, nous partons sur les premières hauteurs en traversant une forêt humide qui contraste fort avec l’altiplano aride dont nous arrivions à peine. Après deux petites heures de route et 1600 m de dénivelé, nous arrivons à Tafi del Valle, petite ville de montagne qui accueille beaucoup de maisons secondaires d’argentins à la recherche de calme estival. Ce n’est pas le cas de Ruth qui, elle, s’y est installée pour son travail. Tous les trois, nous nous étions déjà rencontrés à plusieurs reprises à Metz, mais nous ne nous connaissons pas beaucoup, alors nous profitons de cette soirée pour papoter et préparer des crêpes fourrées au dulce de cayote (sorte de confiture de courge, aussi appelée cheveux d’anges, pour sa texture filandreuse assez caractéristique).

Nous passerons ensuite trois jours ensemble, parcourant la route en direction de la ville de Salta, plus au Nord. La route est sublime. Cactus géants, larges vallées sablonneuses, vestiges saisissants de l’ethnie Diaguita, vignobles abondants, et autres formations rocheuses multicolores, les paysages sont d’une richesse incroyable. Merci Ruth pour cette magnifique découverte d’une terre sur laquelle la culture indigène reste très présente.

Après avoir quitté Ruth, nous poursuivons notre itinéraire vers les chutes d’Iguazu, situées à la frontière brésilienne. Changement d’ambiance, de culture, de paysage, de climat. On respire l’air moite de la forêt tropicale humide. Nous resterons deux jours à parcourir les sentiers organisés, permettant de les observer sous toutes leurs coutures. Bien que l’entrée du Parc National soit organisée à la façon Disneyland, les chutes sont d’une telle ampleur qu’on parvient à se trouver des petits coins de calme pour les contempler. On se lasse difficilement de ce spectacle qui réveille les sens. Chute libre et hypnotisante de milliards de gouttes d’eau qui s’écrasent simultanément sur des rochers dans un bruit assourdissant, formant des arcs-en-ciels scintillants en soulevant une bruine puissante qui se jette sur votre visage par rafales. On ne regrette pas ce petit crochet tropical improvisé au dernier moment, petit coup de folie de notre escapade chileno-argentine.

Et puis nous terminons notre périple sud-américain par l’incroyable capitale Buenos Aires, ville remplie d’histoire et de vie, mélange de joies et de souffrances. Issus d’un métissage extraordinaire, les porteños (les habitants de Buenos Aires) aiment se qualifier d’italiens parlant l’espagnol, vivant à l’anglaise dans des bâtiments de style français. Nous aurons finalement que peu de temps pour avoir un aperçu de cette ville aux mille visages. De l’extra-large avenue du 9 juillet, au célèbre cimetière où repose Evita, en passant par les gigantismes bâtiments ministériels et autres ambassades, pour finir à l’ultra-vivant quartier de la Boca, cœur historique de la capitale qui bat au rythme du football et du tango. De nombreuses années interdite en raison de son rapport étroit avec drogue et prostitution, la danse passionnelle qu’est le tango a été réautorisée dans les années 1930 par le gouvernement lorsqu’il s’aperçu que la danse était pratiquée dans les hautes sphères parisiennes, mais plutôt comme danse de salon. Nous aurons eu la chance de découvrir quelques pas de danse sur une place, moment court mais d’une intensité et d’une énergie prodigieuse.

Deux mois après avoir atterri à l’extrême sud de ce continent sud-américain, nous plions une dernière fois nos bagages pour nous diriger vers la dernière étape de notre voyage autour du monde, le Costa Rica ! On devrait troquer la viande rouge pour des fruits tropicaux et la doudoune pour les claquettes.

Soyeux heureux, et à très bientôt,

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Ruins of Quilmes
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Ruth!!
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Quebrada de las Conchas
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Iguazu falls
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Power of water
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La Boca
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Finally asadoooo

Vicuña – Atacama

Le nord du Chili est tout simplement à couper le souffle. Aux deux sens du terme, au vu des altitudes des paysages, généralement supérieures à 4000 m pour la région d’Atacama !  Cette région, qui s’étale de la côte Pacifique jusqu’aux sommets volcaniques des Andes, est unique au monde, à la fois pour son climat que pour sa géologie. Protégée à l’est par la Cordillière qui stoppe l’humidité tropicale argentino-brésilienne, et à l’ouest par l’anticyclone du Pacifique et par de l’eau froide (s’évaporant peu) qui remonte de l’Antarctique, cette région possède une pluviométrie quasi-nulle, voire totalement nulle pour certains secteurs où il n’a pas plu depuis 40 000 ans.

Notre découverte de cette région commence donc par Vicuña, dans la vallée de Pisco Elqui, réputée pour le succulent distillat du même nom. Le Pisco (dont l’appellation d’origine est disputée par le Pérou et le Chili) est obtenu par fermentation de différents cépages, majoritairement du Muscat d’Alexandrie (déjà bien sucré à la base), qui a la particularité de mûrir vite, très vite, au vu de l’ensoleillement extrême de la zone. Bien que principalement consommé en mode Pisco Sour (mélangé avec du jus de citron vert et du sucre), nous avons eu la chance de le déguster « au tonneau » dans une petite distillerie artisanale ! Parfois vieilli en fût de chêne, il peut aussi se savourer comme un cognac ou un bon whiskey.

La fraîcheur des courants océaniques qui lèchent la côte chilienne du sud vers le nord résultent en un contraste incroyable, puisqu’à cette même latitude (on est pas loin du tropique) on peut observer des manchots ! Et oui, nous avons ENFIN fini par voir des manchots, après les avoir loupés en Australie, en Nouvelle-Zélande et en Argentine. Et le spectacle ne nous a pas déçu, puisqu’il était accompagné de majestueux lions de mers faisant la sieste sur des rochers, de milliers (millions ?) d’oiseaux marins en tout genre, et d’un incroyable ballet de dauphins qui se sont mis à jouer autour de notre embarcation fonçant sur la houle.

Et puis nous poursuivons notre périple vers le fameux désert d’Atacama. Nous y resterons une semaine entière. Cette semaine aura été une semaine très particulière de notre voyage, sur plusieurs aspects. D’abord, on y arrive KO, car on a pris froid chez les manchots, et on s’est coltiné 20h de bus pour y arriver. Ensuite, on a l’impression d’être sur la Lune, c’est incroyable, le paysage est aride, l’air ultra-sec et déjà un peu rarifié. Et enfin, le secteur étant très touristique, nous décidons de nous plier à la règle pour une fois, on visitera la zone en excursions organisées. C’est rare et ça a été une décision difficile (surtout pour moi), mais nous ne regrettons vraiment pas au vu des mauvaises routes, et des grandes distances à parcourir. Après deux jours de repos TOTAL, nous partons à la découverte de cette région extraordinaire. Volcans actifs culminant à près de 6000 m, lacs salés, flamands roses, étendues de pierre et d’herbe jaunie broutée par des vigognes, geysers, nous n’en finissons pas de nous émerveiller, jour après jour. Chaque lieu est unique et possède une charmante rudesse. On ne sait même plus si on sur la Lune, sur Mars ou sur Jupiter. L’érosion particulièrement faible (il pleut environ 20 mm d’eau par an, soit un ou deux beaux orages) dessine des formes vraiment singulières, en partie recouvertes par des cristallites salins, blancs comme neige. Le nord du Chili possède un sol ultra-chargé en sel, essentiellement du chlorure de sodium et des nitrates, mais également 30% des ressources mondiales de lithium qui finissent dans nos poches (dans les batteries des téléphones, hein).

Nous sommes désormais de retour en Argentine, après avoir emprunté une des plus belles routes de tout notre voyage. Une route qui traverse l’altiplano andino, grimpant tout droit, sans virage, un faux-plat qui n’en finit pas, jusqu’à frôler les 5000 m, avant d’attaquer la grande descente interminable qui mène à la vallée, où l’on retrouve, après une semaine d’absence, de la verdure et quelques nuages.

On espère que les ponts de mai sont ensoleillés pour vous aussi, et on vous dit à bientôt.

Iniciamos esta etapa hacia el Norte de Chile en Vicuña. El paisaje empieza a ser desértico, seco, con una vegetación donde predominan los cactus y grandes extensiones sin árboles. En Vicuña suben las temperaturas, el sol está presente cada dia, y un cielo azul sin nubes hace que ésta sea una de las mejores regiones del planeta para observar las estrellas. Aprovechamos la ocasión y visitamos un observatorio con un telescopio que nos permite ver Júpiter y algunas constelaciones. En esta región también se aprovecha la inmensa energía del sol, y podemos disfrutar de una comida cocinada con hornos solares.
Vicuña se encuentra en una de las dos regiones del país donde se produce el Pisco, la bebida nacional. Visitamos una destilería tradicional donde podemos degustarlo (por fin tras dos meses en este país) en sus distintas variantes. Es agradable pasear con bici por los pueblecitos y disfrutar de la calma de esta zona. Disfrutamos del placer de pasar varios días en un pueblo pequeño, donde conocemos las calles y descansamos.
A una hora de Vicuña se encuentra La Serena, estación balnearia que utilizaremos como punto de partida para una excursión a la reserva nacional de Humboldt. Por distintas razones perdimos todas las oportunidades de ver pingüinos en el viaje… normalmente deberíamos verlos en esta reserva. Y el día no nos decepciona!!! Tomamos un barquito que nos lleva alrededor de isla Damas, donde habita el pingüino de Humboldt. Los observamos al lado del agua, donde irán a pescar y subiendo la cuesta para llevar alimento a sus crías. En la reserva hay además cormoranes, lobos de mar… y delfines! Tenemos la suerte de verlos y nos siguen para jugar con la embarcación creando un espectáculo maravilloso. Jamás vimos tantos delfines en libertad tan cerca, disfrutando en su hábitat natural. Una delicia!!!
Seguimos hacia el norte y nuestra última parada en Chile será en San Pedro de Atacama, pueblo base para descubrir el desierto de Atacama. Tras el intento fallido de alquilar un coche decidimos tomar un pack como el resto de « guiris ». Y la experiencia nos gusta. Es agradable dejarse guiar y no organizar por unos días, especialmente en este sitio donde las condiciones son extremas y las carreteras complicadas. Imaginábamos que en el desierto todos los paisajes son parecidos, pero cada día es absolutamente diferente. Visitamos salares en los que los flamencos se ven reflejados como en un espejo a causa de la sal, lagunas al lado de volcanes nevados, formaciones de geiseres, lagos donde el nivel de salinidad nos hace flotar, dunas enormes, paisajes lunares, atardeceres con tonalidades increíbles… Todo ello con la riqueza cultural de una zona situada cerca de la frontera argentina y boliviana.
Nos despedimos de Chile, que quedará como uno de nuestros países favoritos tanto a nivel de paisajes como de encuentros, y nos preparamos para visitar el Norte de Argentina.

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Wineyard taking sun
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Pisco under maturation
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Altiplano lake
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Floating in a salt lake
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Clear sky!
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Geysers at sunrise
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Volcanoes
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Volcanic red stones and salt lakes

Valparaíso, Mendoza, Santiago

Des grandes villes ! Ca faisait un moment qu’on avait pas été dans des grandes villes. Et on n’a pas fait les choses à moitié, puisqu’on les a enchaînées toutes les trois. Petit rappel géographique, les trois villes sont situées approximativement à la même latitude sur le continent. Valparaíso est une ville portuaire située côté Pacifique à une bonne heure de Santiago de Chile. Mendoza est située en Argentine, à 10 h de bus derrière les Andes.

Les trois sont très différentes.

Valparaíso a donc les pieds dans l’eau, et grimpe rapidement sur des collines raides qui bordent l’océan. Elle est particulièrement connue pour être « la » ville du street-art. Tradition initiée fortuitement lors d’une période électorale où les affiches de campagne avaient été peintes à même les murs. Les fresques ne se comptent même plus parmi les milliers de ruelles et d’escaliers étroits et raides qui sillonnent la ville. Bref, un vrai musée à ciel ouvert. Nous y resterons trois jours, à s’y perdre plusieurs fois, à retomber par hasard sur notre point de départ, ou même à redécouvrir une même rue sans réaliser qu’on l’avait déjà traversée, tant l’abondance de couleurs, de visages, de paysages ou autre animaux fabuleux, y est intense.

Valparaíso possède donc un univers très particulier que nous avons aimé, mélange de Lisbonne et de Berlin. Nous y avons également fait une très belle rencontre avec Aurelia et Walid, un couple d’Allemands en vacances au Chili, avec qui nous avons passé des moments formidables à papoter comme si on se connaissait depuis toujours.

Une belle rencontre, nous en avions fait une également à Rapa Nui. Un couple chilien qui était en vacances en même temps que nous sur l’île de Pâques, et qui nous avait proposé de nous faire découvrir Santiago, rien que ça ! Nous avons évidemment accepté avec grand plaisir et nous n’avons pas été déçus. Juan-Pablo et Layberth nous ont organisé un trek urbain dominical dans la capitale. Nous seront très agréablement surpris de cette ville qui a la réputation d’être assez polluée et sans grand intérêt touristique. On y a retrouvé un mélange de jardins parisiens, d’avenues madrilènes, avec même quelques gratte-ciels façon Bangkok. Nous y monterons tous les quatre, afin d’admirer la superbe vue panoramique du 82e étage (> 300 m de hauteur en quelques secondes, on sent bien ses tympans !) sur la ville, ses collines, et surtout les Andes enneigées et rosées par le soleil couchant.

Pour finir, Mendoza aura été en fait un prétexte pour emprunter la somptueuse RN7 qui traverse la Cordillière au pied de l’Aconcagua (6962 m), par un col qui passe vers les 3000 m. Un genre de Grand-Saint-Bernard ++ où passent des milliers de voitures, bus et camions chaque jour, autant pour son intérêt touristique que pour sa liaison stratégique entre le Chili et l’Argentine, voire le Brésil, etc. On fera donc un aller-retour Santiago-Mendoza-Santiago avec un aller de nuit. Nous choisirons le retour pour profiter du paysage en journée (c’est plus sympa dans ce sens). Sauf que, qui dit « col à 3000 m » en automne, dit « risque de col fermé ». Banco ! Il nous aura fallu deux jours pour faire le retour ! Mais en compensation, les cinq heures d’attente du premier jour se feront avec une vue imprenable sur le plus haut sommet d’Amérique du Sud ! On ne peut donc pas trop se plaindre.

Nous poursuivons maintenant notre route vers le nord, vers des paysages désertiques, du pisco et des étoiles…

Il nous reste désormais un peu moins de deux mois avant notre retour en Moselle ! On a hâte de vous raconter toutes nos aventures de vive voix, les amis. Prenez soin de vous. On vous embrasse.

Tras meses sin estar en grandes ciudades iniciamos un periplo por Valparaíso, Mendoza y Santiago.

Valparaíso es Inspiración: nada más llegar descubrimos sus calles coloreadas, sus muros llenos de obras de arte, su ambiente relajado, artístico, orgánico. Descubrimos una ciudad en la que lo interesante no es visitar un punto, si no perderse por sus callejuelas que suben y bajan cerros (menos mal que hay funiculares para los más perezosos ;)). En cada paseo encontramos cientos de obras de arte sobre sus muros. Todas diferentes, cada una con su estilo, con su mensaje. Es un museo a cielo abierto. No es de extrañar que Pablo Neruda la eligiera para establecer una de sus casas desde la cual podia observar el océano. La ciudad exhuma también poesía, con versos de diferentes autores grabados en los muros. Uno de los lemas « we are not hippies, we are happies » refleja este ambiente. Mercadillos de artesanas, restaurantes con productos biológicos que proponen gran variedad de platos sanos y riqusimos… Si, lo habréis adivinado, Valparaiso nos encanta. Además tenemos la suerte de descubrir esta ciudad con una pareja de alemanes, Aurelia y Walid a quien el azar hace que encontremos y que también son fuente de inspiración. Valparaíso nos renueva de energía para seguir este recorrido.

Mendoza es Autenticidad: llegamos aquí sobre todo por la ruta n 7 que une Valparaíso y Mendoza y que atraviesa el Aconcagua, una cordillera espectacular que aparecía en mis libros escolares y quería ver con mis propios ojos 😉 Lo bueno de Mendoza es que lo más turístico son los viñedos de alrededor. En la ciudad nada especial que ver o visitar. Eso es lo que hace que podamos descubrirla tranquilamente, comer en los bares donde beben vino los lugareños y pasearnos sin estar obligados a descubrir tal o tal punto.

Santiago es Bullicio: nada más llegar a Santiago el camino de la estación de autobuses al hostel pasa por un mercado que no se termina nunca, con miles de puestos en la calle, gente que vende desde rayadores de comida a cables para el móvil, donde los olores de comida se mezclan con los olores de la ciudad, los sonidos de reggaeton de las radios con los claxones de los coches… Intenso y agotador 😉 Afortunadamente al día siguiente encontramos a Layberth y Juan Pablo dos santiaguinos que encontramos en la Isla de Pascua y que se ofrecen a mostrarnos su ciudad. Es genial dejar de organizar y dejarnos llevar por las calles de la ciudad escuchando las explicaciones de nuestros amigos no solo sobre la arquitectura, sino sobre la forma en la que la gente vive. Probamos el mote con huesillo una bebida a base de melocotón (o durazno como aqui le llaman), o el churrasco, un sandwich con carne de ternera, palta (aguacate), tomate y mayonesa. Una auténtica delicia!!! Finalizamos el día ascendiendo al rascacielos más alto de América del Sur que ofrece una vista espectacular sobre la ciudad con los Andes al fondo. Además llegamos antes del atardecer y podemos disfrutar de la ciudad de día y con las luces por la noche. En definitiva, gracias a nuestros guías excepecionales habremos descubierto un Santiago inaccesible para dos « guiris » como nosotros 😉

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Street art in Valparaiso
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Aurelia and Walid
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Waiting in front of the Aconcagua
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Juan Pablo and Layberth
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Santiago at dusk
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Santiago at night

Chiloe and volcanic Chilean Patagonia

Quería ir a Chiloé por una razón completamente subjetiva. Aparecía en un libro de Isabel Allende, y hablaba de una atmósfera única. Y esta isla de pescadores no nos decepciona. Aquí parece que el tiempo se paró, no hay prisas, las cosas se hacen a la manera tradicional. Y lo mejor de Chiloé es que no hay monumentos o sitios especiales que visitar. La gracia está en perderse por las calles, en visitar los distintos pueblos, todos ellos con un puerto con barcos de pescadores de distintos colores, en buscar las focas que nadan buscando pescado para comer, en observar las casas de colores variopintos situadas sobre pilotis, las iglesias de madera y en degustar la gastronomía típica de la isla (et oui Max, toujours et toujours la bouffe :p). En Chiloé los pescados, los mejillones, el marisco abundan y se venden a precios asequibles en los mercados. Probamos también sus patatas de distintas formas y colores y un queso como hacía tiempo que no probábamos. En definitiva, Chiloé nos encanta y pasamos varios días disfrutando del ambiente de la isla.
La siguiente parada será Puerto Varas, ciudad situada al lago de un lago y con vista magníficas sobre el volcán Osorno. Aquí reencontramos a David, un chileno con quien simpatizamos en nuestro hostal en Chiloé y que nos acompañará durante dos días enseñándonos parte de su cultura, expresiones y palabras chilenas (cachai?), y con quien sobre todo compartiremos muchas risas.
Puerto Varas es una ciudad peculiar. Los alemanes se instalaron en el siglo XIX y se observa la mezcla chileno germánica en la estructura de las casas, en el orden, en los múltiples cafés donde tomar pasteles… Sí, lo habreis adivinado, Puerto Varas también nos encandila 😉
Seguimos el periplo hacia Pucón, ciudad donde predomina el volcán de Villarica, que todavía sigue activo. Aquí disfrutamos de una caminata magnífica en una zona llamada el Cañi, donde pasamos por bosques de árboles milenarios y finalizamos la ascensión con una vista sobre tres volcanes espectacular.

Seguimos hacia el norte, próximo destino: Valparaíso 😉
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Nous vous quittions, il y a une dizaine de jours, depuis la superbe Patagonie argentine avant de basculer du côté chilien des Andes. Voici donc le récit de notre découverte de la Patagonie chilienne. En réalité, la région dénommée « Patagonie » est gigantesque. Elle représente quasiment les derniers 2000 km du continent ! En gros, à partir du moment où on se caille une grosse partie de l’année, on est en Patagonie. La partie ouest (chilienne, donc) est particulièrement humide. Un peu comme si les nuages venaient toujours du Pacifique pour se déverser sur les Andes et épargner la partie est. On remarque également que le massif est beaucoup plus proche du Pacifique que de l’Atlantique. On y trouve donc beaucoup de reliefs, de forêts et de lacs, et un nombre incroyable de fjords et d’îles qui se détachent du continent.

C’est l’île de Chiloé qui nous aura accueilli pour notre premier contact avec la culture chilienne. Cette île s’étend sur environ 200 km nord-sud (quand même), et est accessible facilement depuis le continent par un ferry qui navigue entre les phoques et les oiseaux marins. La traversée est courte, et notre arrivée se fait en douceur dans la charmante et sereine ville de Castro. Ville portuaire à la gastronomie réputée, son charme principal repose sur les couleurs vives de ses habitations en bois posées sur pilotis. On y fera un tas de rencontres très sympa !

Après quelques jours sur Chiloé, nous poursuivons notre route vers le nord, à la découverte d’une région volcanique superbe et reposante. Nous y ferons deux étapes. La première à Puerto Varas, une petite ville vivante bordée par un lac offrant une vue somptueuse sur le volcan Osorno. La seconde à Pucon, elle aussi installée au cœur d’une région où l’activité volcanique est très présente. De superbes cônes volcaniques, saupoudrés de sucre glace et culminant à plus de 3000 m, certains encore fumants. Notre activité principale aura donc été (comme d’hab, nous direz vous) la randonnée, toujours à la recherche des points de vue les plus majestueux. Les forêts sont superbes, les lacs magnifiques, les couleurs de l’automne toujours aussi douces.

Nous quittons cette fois la nature profonde et les couleurs pastel, pour d’autres couleurs bien plus vives et plus citadines de la ville portuaire de Valparaiso…

On pense à vous.

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Serenity in Chiloe
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El curanto (mussels, smoked sausage, native potatos and potato bread)
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View on Osorno volcano from Puerto Varas at dusk
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Hiking, and hiking again
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Superb volcanic region of Pucon
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The active volcano Villarrica
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Meeting Chilean people, si po!

Automn in argentinian Patagonia

Confortablement installés dans un bus de voyage argentin, nous observons la plaine défiler, caillouteuse, terne et parsemée de touffes d’herbe grasse, à perte de vue. On avale les kilomètres un à un, cap plein Nord. Nous avons déjà passé 14 heures dans ce bus, il en reste six ou sept. Nous quittons la Patagonie du Sud pour sa partie Nord. Il est donc grand temps de dépoussiérer le clavier et de vous faire part des superbes images accumulées depuis notre arrivée à Ushuaia.

Nous arrivons le 17 mars au bout du monde, dans la petite (mais vivante) ville d’Ushuaia. Le soleil nous offre un atterrissage magnifique. Au loin les derniers sommets blancs de la « queue » des Andes qui plonge progressivement dans l’océan et le cap Horn. Ici, rien de comparable aux tourments si connus de ce cap mythique. La ville est installée au bord du Canal de Beagle, particulièrement calme. C’est l’automne, la météo est fraiche mais plutôt clémente.

Nous en profitons pour camper dans le Parc National de la Terre de Feu, baptisée ainsi par les explorateurs en raison des nombreux feux allumés par les tribus locales qui vivaient nus (probablement en raison de l’humidité extrême, ils préféraient s’enduire de graisse que porter des habits constamment humides). Un sentiment de bout du monde qui se fait réellement sentir ici. La végétation témoigne de la rudesse du climat. Les feuilles des arbres sont minuscules, les troncs bien trapus, les branches courtes, à la façon bonzaï.

Trois jours plus tard, nous prenons notre premier bus vers le Nord, traversons le canal de Magellan en ferry, accompagnés par les sauts de dauphins blancs et noirs, typiques de la région. Le spectacle est superbe. Nous resterons une dizaine de jours dans la région d’El Calafate, plus particulièrement à El Chalten, au pied de la fameuse montagne du même nom (de son appellation autochtone), et plus connue sous le nom du mont Fitz Roy (en hommage au capitaine du navire HMS Beagle qui amena Magellan sur ces terres australes). Nous sommes en plein cœur de la Patagonie.

La Patagonie est unique. La basse latitude de la région donne naissance à des contrastes comparables à aucun autre endroit de la planète où nous soyons allés. Pour arriver au pied des montagnes, nous traversons un énorme plateau aride de basse altitude, en contournant d’énormes lacs glaciaires. Et puis on découvre ces fameux sommets de granit, compacts et tranchants, émergeant d’un joli paysage vallonné de moyenne montagne sans prétention. C’est un peu comme si on avait planté les grandes Jorasses directement dans le Jura ! Le contraste est à couper le souffle.

La Patagonie du Sud possède également la troisième plus grande calotte glaciaire au monde, après l’Antarctique et le Groenland. Les glaciers qui en découlent (du moins, ceux accessibles à pied) sont magiques. De l’époustouflant glacier « Perito Moreno » (très touristique mais tellement impressionnant) qui ressemble à une banquise de 40m à 70m d’épaisseur qui gronde en permanence en avançant de plusieurs mètres par jour, déversant d’énormes icebergs qui partent à la dérive sur le gigantesque lac glaciaire qui le précède, aux langues de glaces aux formes improbables qui se déversent sur d’innombrables lac d’altitudes, jusqu’au glacier que nous avons aimé baptiser « cappuccino » en raison de ses couleurs si particulières, nous avons été particulièrement gâtés en ce genre de paysages tant difficiles à observer dans nos chères Alpes qui fondent à vue d’œil.

Le village d’El Chalten nous aura particulièrement plu. Pas tellement pour son authenticité ni pour son histoire, puisque le village a été fondé de toute pièce il y a une trentaine d’année pour des raisons géopolitiques relatives au maintien stratégique de la frontière argentino-chilienne (coupant le massif en son milieu), mais plutôt pour son atmosphère calme et reposante qui y règne. Nous y aurons fait de nombreuses rencontres très agréables avec des voyageurs qui nous ressemblent. Ici, pas de tourisme de masse. Ceux qui, comme nous, décident de rester plusieurs nuits à El Chalten le font pour une même raison : prendre le temps de sillonner les multiples sentiers aux vues imprenables sur ces sommets majestueux, et surtout patienter pour laisser le temps à ces aiguilles de granit de se dévêtir de leur manteau de brume, et laisser les rayons du soleil sublimer leurs parois de roche et de glace. Les couleurs de l’automne n’auront pas manqué de compléter la palette de couleurs vives de ces paysages incroyables.

Notre prochaine étape argentine sera le Parc National des Alerces, avant de basculer côté chilien puis de poursuivre notre périple vers le Nord. Prenez soin de vous, et à bientôt.

Llegamos a Ushuaia medio dormidos tras dos días y dos noches en aeropuertos. Desde el primer momento sentimos que la ciudad tiene algo de especial, algo de « fin del mundo ». Nos encontramos bien en esta ciudad que ha sabido asimilar el incipiente turismo guardando su autenticidad.
Nuestro primer contacto con la cultura argentina es culinario. Decidimos probar una milanesa, y cual es nuestra sorpresa al observar el tamaño del bocadillo y sobre todo todo lo que lleva dentro 😉 carne empanada con tortilla, queso, jamon york y un pedacito de lechuga. Todo ello dentro del pan argentino que es bien consistente. Nos damos cuenta que aquí se come mucho y bien graso, pero por una temporada, decidimos disfrutar de estos sabores. El dulce de leche se convierte en nuestro desayuno, y descubrimos los churros de dulce de leche!!! Qué delicia!!!!
Aparte de la parte culinaria, Ushuaia y toda la Patagonia nos ha dejado con la boca abierta. El parque nacional de Tierra del Fuego, donde pasamos dos días acampando es una maravilla. Tenemos realmente la impresión de estar en un lugar único y privilegiado. Durante la caminata escuchamos un ruido extraño, pensamos que alguien está talando un arbol y descubrimos… un pájaro carpintero!!! Como el pájaro carpintero de la Warner, con la cabeza roja y el largo pico que no para de picar el árbol hasta conseguir hacer un agujero 🙂
Seguimos nuestra travesía hacia el norte en dirección al glaciar Perito Moreno que sigue impresionándonos! Por su gran tamaño y por la accesibilidad, podemos descubrirlo desde diferentes puntos. El glaciar tiene vida, y escuchamos continuamente bloques de hielo que se mueven, y también observamos bloques que caen al océano. Podríamos pasar horas observándolo si no hiciese tanto frío ;p mmm, sí, hemos abandonado el calor de la isla de pascua por el otoño en Patagonia, el termómetro ha disminuido unos cuantos grados, pero el paisaje merece la pena.
Y terminamos esta parte del periplo en El Chaltén, ciudad llena de mochileros que venimos para descubrir el Fitz Roy, una de las montañas más impresionanates que jamás hemos visto. Aunque la ciudad se encuentra a sus pies, las abundantes nubes hacen que no siempre podamos verlo. Nos instalamos en un albergue donde encontramos un montón de viajeros. La mayoría hace varios meses por Sudamérica y nos explican dónde han estado y sus planes… Ya tenemos varias ideas para próximos viajes 😉 Y nos encontramos tan bien que lo que en un principio era una parada de dos días se convierte en una semana. Hacemos varias caminatas, y en todas descubrimos algo espectacular.
Patagonia quedará sin duda como uno de los paisajes más bellos del viaje.

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The world’s end
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Woody Woodpecker!
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Perito Moreno glacier
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The Fitz Roy!!!
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Landscape on Patagonia
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The cappuccino glacier 🙂
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Milanesaaaaaa (completa)